18.10.07

No hace mucho, me dije a mí mismo una de esas declaraciones pomposas que sirven para odiar más a aquellos que se
(auto) proclaman

“intelectuales”.

Lo que dije fue (déjenme lo separo del párrafo para que se vea más contundente y bonito y aseado):


La música de Radiohead es la única
que refleja el sonido de nuestra contemporaneidad.

Desde aquél entonces (me lo dije a mí mismo, después de escuchar por enésima vez Kid A; luego lo repetí a mi amigo Gabriel Silva cuando en Santiago de Chile, mientras veía pasar el tiempo como si éste se pudriera frente a mis ojos; luego lo he repetido en distintas variaciones igual de contundentes y, por lo tanto, igual de pretenciosas y mamonas.
No obstante……………………..no obstante, considero que el
que elque elque elque elque elque elque elque elque elque elque el

tiempo y el transcurso de los sonidos que grita nuestra contemporaneidad (lo siento Sonic Youth, te faltó drama. Lo siento Sufjan, Beirut: ustedes suenan atemporales) nos ha enseñado que el sonido de Radiohead –que claro, es un sonido rock—es el soundtrack perfecto para nuestros tiempos.

(el sonido de la música electrónica, como tal, sigue siendo sospechosa para mí. porque se basa en el avance, y es como las películas de ciencia ficción: deja pasar un par de años, y los monos comenzarán a revelar su artificialidad. A menos y que seas un buen artista, o procures que tu sonido tenga la suficiente relevancia actual dentro de lo kitsch como para ser valorada.

(DepecheMode)




¿Por qué insisto en esto? Bueno, sólo tienen que escuchar la música de Radiohead para dar cuenta de sus efectos: traten de escuchar “Everything in its Right Place” para ver cómo todos los silencios se acomodan en los silencios inanimados de nuestro mundo, cómo de pronto un bote de basura tirado en la casa de enseguida, un perro dormido, un trozo de envoltorio de papitas arrugado en una esquina, a la lejanía dos que tres figurillas humanas perdiéndose en su caminata triste, todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todo todoooooooooo se acomoda de una manera con la música que no puedes más que pensar que Radiohead encontró la forma perfecta para incluir
furia contenida,
tristeza
desolación
paranoia
desconfianza
cinismo
ahogamiento
alienación
sublimidad
goce pleno
placer
en una suerte de bifurcación de estilos que, a oídos simplistas, pueden pasar desapercibidos, pero a oídos un poco más agudos, este sonido de Radiohead es un sonido ..................................
...................................................................
...................................................................
...................................................................

sin sonido, en realidad.



Es como si hubieran inventado una forma fresca, rica, novedosa, experimental de hacer música, pero que el resultado final te lleva a un grado cero, donde no estás escuchando nada nuevo, pero al mismo tiempo, jamás habías escuchado algo así.


Sí. Creo que me gusta Radiohead.


Me gusta cómo su música “explica” los escenarios que me rodean. Lo hacen de manera más nítida que cualquier otro grupo actual.


Pulsares de imágenes en computadoras, movimientos manuales estigmatizados por el ritmo intenso del trabajo contemporáneo, hiperestimulaciones a mil por hora que desensibilizan y resensibilizan la mente como si el cerebro fuera un juguete, la maleabilidad de las horas y de los escándalos noticiarios que duran en nuestra conciencia hasta que llegue el próximo video en youtube para que nosotros, sujetos, no advirtamos que poco a poco, lenta, sigilosamente, nos estamos quedando completamente solos.

(sí. Es una exageración. Pero suena bonito, ¿no?)
(no)

Me gustó la estrategia que utilizó Radiohead para difundir su nuevo disco. Acude a su página, entra a un simulador de compra en línea. Selecciona la opción que más se acomode a tus apetencias: puedes mandar pedir el disco físicamente, o puedes bajarlo desde la página. Puedes……….inclu…………….so

bbbbbbbbbbbbbbbbbbbajar
el disco g r a t s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s s

esto es.
)p)p)p)uedes seleccionar la cantidad de dinero que estás dispuesto a pagar por el disco.

Nada mal, ¿edá? Bien. Pues las implicaciones, según mis asegunes, son más reflexivas.


En los últimos die
z, quince años, el modo como consumimos nuestros alimentos de entretenimiento son cada vez más acomodaticios a nuestra necesidad por estimularnos constantttttemmmememememememente.

Siempre
A toda hora
A toda horda
No s pe r de mm os e n eeeel v ací o de u na in f i nid ad de estilos formas propuestas delicias musicales,
que simplemente con hacer click obtenemos lo que queremos.

Los músicos han reaccionado de maneras distintas. El alegato ha sido extenuante. En el inter, grandes cantidades de grandes discos han surgido: una cantidad extraordinaria de buena música aparece a diario. Pitchfork, la revista electrónica que se dedica a reseñar lo último en nuevas tendencias (son los sacralizadores de bandas como Spoon, Broken Social Scene, Animal Collective, etc., así como en algún momento lo llegó a ser la revista SPIN, en la era protoelectrónica), se renueva TODOS LOS DÍAS. Esto es, el equivalente a la sección de reseñas de una revista cualquiera es de unos doce discos por mes. Pitchfork reseña un promedio de veinte discos a la semana.

(Por cierto: cuando en el post anterior hablo acerca de la fama y la inmortalidad como factores determinantes en la valoración de una obra –allá cuando podíamos decir cosas como “clásico instantáneo”—me refiero precisamente a eso: es tanta la música, son tantos los libros, son tantas (bueno, ya no tantas) las películas interesantes en cartelera, que lo único que podemos hacer, golosos que somos, e s s

E
N
G
U
L
L
I
R
L
O

todo, como si fuera cualquier cosa.

Esto me lleva al viaje original: Radiohead.

Su nuevo disco es primoroso. Es la cortada en la encía que no dejas de tocarte con la punta de la lengua. Es el incesante brillo del foco de neón en una farmacia, el que no deja de tintinear y que tú no dejas de ver desde la ventana de tu recámara, mientras escuchas el disco de Radiohead y Thom Yorke canturrea una y otra y otra vez "I have no idea what I'm talking about" (o algo así) . Siguen siendo, a pesar de la distancia, a pesar de que habrá una infinidad de personas ninguneadoras diciendo “¡blah! Yo ya estoy escuchando a la última banda, llamada Sickle and Fog, son muy buenos, el cantante grita como si estuviera muerto, y ya sé que eso no tiene sentido, pero en verdad lo tiene, si es que llegas a ser igual de cool que yo y los escuchas. . . . . . . . . . .”, siguen siendo un sonido presencial de nuestros tiempos.
Posthumano. Postcínico. Postmelancólico. Postirónico. Posterior a lo que sigue.

Radiohead es primoroso. Y aparte, con esa acción de poner su último disco en su página para que lo consuma como tú lo desees, con este ejercicio de libre consumo de su música, de libre circulación de los sentidos que tiene el acto de escuchar, la desmitificación del acto de "comprar" (de todos los actos modernos, el más reverenciado, el más religioso de todos) revela los tiempos de manera clarísima: "Tú, consumidor de lo que estas tierras virtuales producen, siervo fiel de este nuevo feudalismo de semblante existencial: compra mi música como te dé tu regalada gana. Tú creaste esto, tú decides, de aquí en adelante, qué hacer con él.”
Gracias, Toro.

1 comment:

Catalina said...

Hace poco lei un cuento que preguntaba ¿Cual seria la musica instrumental de la vida?..






.Quizas lleve un poco de Radiohead