22.8.08

Lista de accidentes y pormenores físicos
sufridos durante toda mi vida.

1. De 5 a 10 raspones en rodillas, debido a que la alfombra en el pasillo de mi casa era de corte industrial, lo que quiere decir que la rugosidad del tejido hacía que cualquier tipo de roce de la piel por su superficie era similar a pasar la lengua por un cepillo de alambre.

2. A la edad de ocho años aprox., fui accidentalmente ahorcado por el vidrio de una de las puertas traseras de la camioneta de mi mamá. Creo que fui uno de los antecedentes para que esos vidrios ya no desciendan en su totalidad.

3. Un año después, alguien, no recuerdo quién, me cerró la puerta de un carro en la mano derecha. Fue en el estacionamiento del Bosque de la Ciudad. No me quedaron muchas ganas de subirme al tobogán.

4. Debido a que sufría de asma, en la infancia fui víctima de una serie de ataques, incluyendo uno en un invernadero.

5. Mi alergia a los huevos (?) trajo como consecuencia que, en uno de mis cumpleaños, sufriera de severas ronchas en los ojos después de que me convencieron de morder el pastel. Fue el betún.

6. El día que fui al cine a ver la película Furia de Titanes (los setenta fueron una maravilla), un amigo me aventó en el pasillo y mi nariz fue a dar directamente en la orilla de una de las butacas. Sufrí un golpe similar en la adolescencia cuando quise atrapar una palomita que arrojé al aire.

7. A la edad de nueve o diez años, me caí de una hamaca, torciéndome el cuello. Mientras fui conducido por mi hermana al interior de la casa, y al dejarme parado en el marco de la puerta de la cocina, me desmayé y, al despertar, estaba cubierto de sangre. Cuando caí me golpeé justo arriba de la ceja con la punta de una silla de metal, descalabrándome. Aun tengo la cicatriz.

8. Sufrí aproximadamente de diez a quince caídas de bicicleta; algunas severas, pero ninguna digna de un verdadero trauma. No obstante, acepto jamás haber hecho peripecias riesgosas, como subir y bajar montecillos o practicar saltos de rampa. Bueno, una vez lo intenté, pero la rampa era muy pequeña. Donde actualmente se encuentra la Plaza Fiesta, había una enorme pista para bicicletas. Recuerdo haber estado una media hora contemplando la bajada de un monte. No me atreví a bajar.

9. Me golpeé la barbilla con una barra gimnástica.

10. Me golpeé el muslo con una valla; alternativamente, en el mismo periodo, caí en diversas ocasiones al suelo, deteniendo la caída con las manos y raspándomelas en el asfalto duro.

11. Me atropellaron. Pero el golpe no fue muy duro. Suena escandaloso eso de “me atropellaron”.

12. Cuando recién salieron, compré en una carnicería una botella de Pepsi Light. Justo después de pagarla, la botella se deslizó de mis manos, y explotó al caer al suelo. Un trozo de vidrio se incrustó en mi muslo izquierdo, justo arriba de la rodilla.

13. Después de intentar robar material didáctico en un kinder (larga historia), me caí de una barda que veníamos cruzando mis amigos y yo para salvarnos del atrape. Caí de espaldas, un sonido que sólo puede describirse como literalmente un “costalazo” (para los que recuerden la caricatura, el sonido fue similar a cuando los personajes de la Pantera Rosa caen se tropiezan y caen al suelo).

14. Aunque el daño no fue hacia mi persona, sí fue un accidente: estuve a punto de incendiar una antigua tienda de campaña que los antiguos mexicalenses recordarán: EL GRAN JUGUETE.

15. Accidentalmente, el operador de una de las máquinas de la sección de atracciones de las Fiestas del Sol, olvidó que tenía a dos que tres clientes dentro del juego. Eso trajo como consecuencia que mi hermana y yo saliéramos vomitando de un aparato conocido como “El Remolino Chino”.

16. Debido a una trifulca/discusión con otra de mis hermanas, me golpeé severamente en la mejilla derecha con la orilla de una puerta. Esto fue en la secundaria. Mis compañeros me preguntaron si me había peleado con alguien. Después de la tercera vez que me preguntaron, comencé a decir que sí.

17. En la esquina de la cuadra de mi casa solía juntarme con unos amigos. En una ocasión, como juego, decidimos un amigo y yo que íbamos a asustar a una viejita que venía caminando hacia nosotros. Me tiré al suelo, fingiendo convulsiones, y la reacción de la anciana fue la de agarrarme a patadas porque creyó que le quería ver los calzones.

18. Fueron varias las caídas de Pick Ups. Una de ellas fue en la defensa trasera al querer subir; en otra ocasión, estaba sentado en una de las esquinas posteriores, justo en la orilla (no dentro de la caja). Sostenía una botella de caguama. El Pick Up dio vuelta y yo caí como buzo, derrapándome en el pavimento, dando una vuelta y cayendo de pie. El dorso raspado y una caguama rota hicieron que tuviera que regresar a mi casa, interrumpiendo la fiesta.

19. Más o menos en la adolescencia, me quedé pegado entre dos refrigeradores en la sección de quesos y salchichonería del mercado Gigante. Debido a que una orilla del refrigerador estaba cercana a la otra (los refrigeradores de quesos estaban acomodados en círculo, formando una especie de islita) cuando reposé mis brazos en medio de uno y otro refrigerador, serví como semiconductor y, si mal no entiendo, lo que sucedió fue que me electrocuté. Perdí la conciencia. El resto de mi compra, fui acompañado por una señora que me siguió con su carrito por los pasillos, insistiéndome que debía quejarme con el gerente.

20. Debo reconocer que esta lista me ayuda a identificar una extraña relación con las doñitas.

21. En la misma esquina donde ocurrió la tunda de la señora puritana, tuve un accidente que lastimó mi rodilla derecha: salté en reversa, de la calle a la esquina, y cuando uno de los pies tropezó, caí con todo mi peso en la pierna derecha. El dolor fue intenso, sentí un liquidito escurrirse al interior de mis meniscos.

22. No cuenta como accidente, pero una vez tuve el cañón de una AK47 apuntando justo en mi frente. Larga historia.

23. Año nuevo de 1993, 12:10 de la madrugada. Mi amigo Elcor y yo íbamos rumbo a una fiesta cuando literalmente se nos atravesó un poste; Elcor manejaba, y su Pick Up chocó de frente con esos inamovibles animales; sufrí severo resquebrajamiento de mi tobillo derecho, y mi cara quedó literalmente incrustada en el parabrisas. Aun tengo las cicatrices.

24. Hubo un largo tiempo después de 1993, en los que no sufrí accidentes. No sé si los haya reprimido.

25. Ha habido, sin embargo, un largo recuento de caídas involuntarias. No, no fueron causa del alcohol u otros estupefacientes, sino que, simplemente, a veces me fallaban las rodillas, o el equilibrio.

26. Esto ha traído como consecuencia que, en ocasiones, me haya dado fuertes golpes en la cabeza.

27. Y creo que los últimos dos accidentes dignos de ser mencionados, ocurrieron en otra latitud: sin contar otros golpes y caídas, los accidentes más significativos de mi tiempo en Santiago de Chile fueron 1) un asalto, por el cual recibí una golpiza y la pérdida de un suéter que me gustaba mucho, a no decir de dinero y un reloj; 2) un mini rapto, por medio del cual amanecí inexplicablemente en un hospital, sin dinero, sin cartera, con un policía y un médico confundidos y un rostro mío completamente perdido en la ignorancia.

No sé a qué vino todo este recuento. Quizá ha sido una manera de recordar desde el dolor, mismo que no recuerdo, ni siquiera la inconsciente sensación de que se devuelve el dolor que sentiste cuando sucedió (como ocurre cuando te acuerdas de algo que te dolió). Igualmente, hubo infinidad de cortaduras en los dedos, golpes leves en la orilla de camas, un codo lastimado no recuerdo porqué, así como distintas variaciones breves de los accidentes antes mencionados.

¿Qué sucede con el cuerpo y sus embates? ¿Y qué sucediera si hiciéramos una lista similar para cualquier experiencia de vida, desde amores hasta batallas hasta enfrentamientos hasta veces que se ha comido en tal o cual restaurante, desde número y cualidades de borracheras hasta cantidad de besos, reales e imaginarios?

2 comments:

Anonymous said...

Este excelente post me recordo muchísimo esa película: Wilbur Wants To Kill Himself (Dir. Lone Scherfig, 2002).

Por cierto, no creo que el fenómeno otaku mexicalense sea una desterritorialización -desde dónde se preguntó, ¿desde Deleuze-Guatarri?

¿Porqué no lo creo? La desterritorialización es meramente corporal, la cuestión del fanatismo a los dibujos animados, identitaria.

No hay nada más profundo que la piel, la cicatriz es el único acontecimiento, de ahí mi gusto por este post.

Saludos.

A. Kurtz said...

Gracias por tus comentarios.

En cuanto a si la pregunta sobre desterritorialización viene de Deleuze y Guatari, podría decirse que sí, aunque ellos reconocían que una vez empleado y difundido el concepto, éste comenzó a tener aplicaciones en distintas áreas.

En particular, me llama la atencióno como lo emplea la antropología, ya que se refiere a esta definición como un proceso, donde el sujeto atraviesa se "desfasa" de los vínculos entre su cultura y el espacio que circunda, y que en cierta manera, es como si se eliminaran los sujetos culturales de un lugar en el espacio y el tiempo. De pronto sentí que los otakus, como otros grupos sociales (aunque no todos) sufren/gozan de dicho desfase. Trascienden las barreras culturales de, por ejemplo, Mexicali, para construir una identidad dentro de un lugar que no necesariamente la propicia. Estoy lanzando ideas al aire, no creo tener una respuesta precisa a esta pregunta. Por eso mismo lo pregunté en la presencación.

Ahora, que si la desterritorialización es corporal, sí que lo es, pero también lo identitario, no crees?