8.5.11

Cito de un texto de Boris Groys, Las políticas de las instalaciones:

El curador administra su espacio de exhibición en nombre del público –como representante del público. Del mismo modo, el papel del curador consiste en asegurar su carácter público, mientras lleva a las obras a este espacio público, haciéndolas accesibles al público, publicitándolas. Es obvio que una obra no puede asegurar su presencia por sí sola, obligando al espectador a verla. Carece de la vitalidad, la energía y la salud para hacerlo. En su origen, tal parece, la obra de arte está enferma, indefensa; para poder verla, los espectadores deben ser llevados a ella (...) No es casualidad que la palabra “curador” está etimológicamente relacionada con “curar.” Curando curas la impotencia de la imagen, su inhabilidad para mostrarse a sí misma por sí misma. La práctica de la exhibición es, por lo tanto, la cura que sana a la imagen, originalmente enferma, la que le otorga su presencia, su visibilidad; la lleva a la vista del público y la convierte en el objeto del juicio público.

Es probable que una de las prácticas que ineludiblemente revisten de calidad a una exposición en nuestra localidad, es la de realizar por lo menos un breve ejercicio curatorial, que permita que las obras sean "conceptuadas" --en su conjunto, como parte de una idea, de una relación taxonómica, hasta puede ser alfabética, el caso es que clasificatoria-- por el público que las recibe. En este sentido, no importa qué tan abstracta, efímera, compleja o divergente sea la obra que se presenta, si el diseño, la narración, la "llevada a sanar" de los objetos de arte al plano de su presentación conlleva a dirigir la mirada del espectador por una "experiencia," lo demás es terreno ganado: se establece el diálogo, la obra se aleja de su condición enfermiza (pensemos en el enfermo como aquel que "no está con nosotros," en standby, alejado, sopesando los síntomas y en espera de ser devuelto a su funcionamiento normal; así es como podríamos entender esa relación de obra de arte y enfermedad).

Todo esto lo pienso a la luz de la más reciente exposición en el espacio independiente Mexicali Rose, titulado "Del estampido sónico a la estampida animal," de la artista Marcela P.E., inaugurada el pasado viernes. Se trata no sólo de un ejercicio lúdico-crítico que juega con los conceptos del tótem y los presenta desde las aproximaciones del arte-instalación, sino que también revela las dificultades y problemáticas que subyacen en la práctica de curar un espacio para acomodarlo a las características que las obras solicitan.

Este es un tema que estoy desarrollando en otro texto, pero aquí va: una de las virtudes de los espacios independientes es su maleabilidad: dado que desde el principio están diseñados o imaginados como espacios de usos múltiples (lo que en una noche será una exhibición de cine en la otra será una exposición como la de Marcela P.E.), no compartimentalizados, existen pros y contras en el manejo curatorial, en el sentido de que esta misma maleabilidad puede expandir las lecturas de las obras, pero también puede suprimirlas. En el caso de esta exposición, logran magnificarse algunas; pero una en particular pudo haber gozado de una brillantez enorme.

Los objetos de Marcela P.E. son inauditos: un conjunto de cilindros de unos dos metros y medio de altura, de una circunferencia rechoncha (se antojan abrazables; no lo son, un par de brazos estándar no logran la empresa), confeccionados con distintos tipos de materiales (algo parecido al cabello de ángel; hojas de plástico que envuelven al cilindro como enredadera; cuero y cadenas, así como un cilindro compuesto de puras luces de neón en posición vertical), y todos (creo) portan a altura del espectador medio un rostro protuberante, que sale miméticamente de las texturas. Estos tótems, estas revelaciones que germinan una serie infinita de relaciones (lo totémico, las relaciones del núcleo familiar, las disposiciones matéricas de los objetos y su relación con los contenidos-títulos de las piezas), fueron dispuestos a la presencia del espectador de una manera cuidadosa, como resultado de alguien (Marcela?) que reconocía desde antes las virtudes del espacio, que probablemente concibió la exhibición de estos objetos para este espacio y que por ello logra curar una exposición que, en serio, vale mucho la pena ver.

El alojamiento de estos tótems en los distintos cuartos del espacio (Mexicali Rose es, después de todo, una casa convertida en espacio de galería) le otorga una relación más íntima al espectador con el objeto. A pesar de que el primero de ellos se encuentra en el cruce principal de los asistentes a la galería, ofrece un buen punto de partida, llamémosle un gancho, que invita a la inmersión de los otros espacios. Un cuarto en especial, el espacio más amplio de la galería (que lo he visto convertirse alternativamente en el mejor y en el peor espacio aprovechado del lugar) ofrece sobriamente la presencia de tres tótems; son los que merecen una mayor inserción a las cualidades de la obra, las que nos permiten imaginarnos a nosotros mismos como tótems, dentro y fuera del cuerpo totémico; la personalidad de estos objetos es donde más se capta en este espacio.

Y es en el tercero y cuarto espacios donde el ejercicio de Marcela P.E. se entiende más "instalativo." Un cuarto en particular, aloja a un tótem cubierto de cuero negro y amarrado con cadenas, alusiones de S&M pero igualmente de punching bag le dan una lectura doble al tipo de cuerpo deseante que quiere definir el tótem. La luz roja invita y al mismo tiempo ahuyenta al espectador. Es una de las "curaciones" más logradas que he visto en Mexicali en mucho tiempo.

Y más lograda hubiera sido --la más lograda de todas, incluso-- la curación otorgada a la última pieza: el tótem de luz. Un cilindro colocado en el centro del último cuarto de la galería, un cilindro compuesto de focos de neón, encendidos, sobre una superficie blanca que le daba aún más brillantez al espacio --inteligentemente separado por cortinas-- y que en términos de arte-instalación, pudiera haber sido una de las obras más interesantes de la exhibición. Pero a mi parecer, el espacio no le ayuda a la pieza definirse ante el espectador. Con respecto a este último espacio, pienso: la experiencia está ahí (luz cegadora), la reacción de los espectadores igualmente está ahí (encantados, abrumados), lo que sí queda un poco de lado es la capacidad total que hubiera tenido la instalación si la experiencia completa hubiera sido envolvente: sin ruidos incidentales, sin elementos extraíbles, sin haber permitido que los espectadores ingresaran al espacio cubierto con papel blanco para dar más brillo al entorno. Ahí es donde hubiera terminado el ejercicio narrativo formal de Marcela, donde se hubiera cerrado con un increíble broche de oro a una exposición que nuevamente da muestra de la contemporaneidad en la que están sumergidos algunos de nuestros artistas locales: digo que ahí hubiera concluido de manera impactante el ejercicio narrativo, porque daría cuenta de, posiblemente, el contenido primordial de esta exhibición: un regreso al origen, pero con una mirada hacia el futuro cegada por la luz de la incertidumbre.


5 comments:

Omar said...

creo q exageraste no se, si por adornar tu lectura o por quedar bien o tratar de dar un toque de sensacionalismo.

para empezar eran unos cilindros adornados o forrados, q desde el punto de vista mas exigente hasta el mas desinteresado lo debe de apreciar como se mostro,arte, tan solo eso, esta bien q tu te imaginaras cosas al verlos pero creo q no todos lo hicimos o tal ves lo apreciamos desde otra perspectiva mas real, no puedes adular algo y al mismo tiempo desprestigiar otra cosa, a mi se me hizo muy chingon el ultimo cuarto el totem de luz fue genial, iba con otra idea y cuando entre al cuarto me sorprendio no lo esperaba fue como pasar por una bronca y en un instante boom la solucion eso q no esperabas pero q tal ves si querias q pasara como en la vida diaria no se si me explico sorry....(eso q hace q todo cambie)
no se como viste eso de las cadenas y el cuarto rojo, muy sadomasoquieta, esa parte el artista se proyecto, cuido los detalles,pero si busca esa distraccion...
en cada uno de los totems estaba grabada la cara de la artista, cada parte de la galeria eran como dimensiones como un reflejo de todo lo q puedes ver en tu vida diaria y al final la luz fue la q le dio sentido a todo te cambia toda la idea o el concepto,
tal ves no le hubira dado ningun sentido si no hay eso q en este caso fue la luz fue la armonia en el relajo....

Omar said...

creo q exageraste no se, si por adornar tu lectura o por quedar bien o tratar de dar un toque de sensacionalismo.

para empezar eran unos cilindros adornados o forrados, q desde el punto de vista mas exigente hasta el mas desinteresado lo debe de apreciar como se mostro,arte, tan solo eso, esta bien q tu te imaginaras cosas al verlos pero creo q no todos lo hicimos o tal ves lo apreciamos desde otra perspectiva mas real, no puedes adular algo y al mismo tiempo desprestigiar otra cosa, a mi se me hizo muy chingon el ultimo cuarto el totem de luz fue genial, iba con otra idea y cuando entre al cuarto me sorprendio no lo esperaba fue como pasar por una bronca y en un instante boom la solucion eso q no esperabas pero q tal ves si querias q pasara como en la vida diaria no se si me explico sorry....(eso q hace q todo cambie)
no se como viste eso de las cadenas y el cuarto rojo, muy sadomasoquieta, esa parte el artista se proyecto, cuido los detalles,pero si busca esa distraccion...
en cada uno de los totems estaba grabada la cara de la artista, cada parte de la galeria eran como dimensiones como un reflejo de todo lo q puedes ver en tu vida diaria y al final la luz fue la q le dio sentido a todo te cambia toda la idea o el concepto,
tal ves no le hubira dado ningun sentido si no hay eso q en este caso fue la luz fue la armonia en el relajo....
espero ver mi opinion publicada gracias.....

Omar said...

si estoy deacuerdo pero como q esta muy tecnico muy complejo tu opinion para lo que en realidad es todo el conjunto el lugar y lo q se expuso...
y tambien tu punto es muy valido al grado q me hizo pensar en q nos deberiamos de acostubrar, o a exigir eso q tu señalas y q a su ves explicas el por q de tu opinion pero no se es como muy apacinado... tambien es bueno por que hace q cambie mi opinion no q cambie lo q pienso pero si la forma de ver la misma cosa, q en realidad es el mismo consepto y la misma reaccion en la accion...
pero tu, con una percepcion o un punto de vista y de ideas mas educado, dirigido al arte...

A. Kurtz said...

Estimado Omar,

Por supuesto que estoy de acuerdo contigo y estoy en desacuerdo contigo; una de las partes más importantes de cualquier reflexión sobre el arte que vemos es la de establecer un diálogo, donde se compartan opiniones, donde nos ayudemos a ver lo que otros no ven, de la misma manera como tú y yo lo hacemos al momento de pensar en esta expo.

No sé si lo que yo haya escrito sea adulador; por lo menos no en el sentido de que hago caso omiso de las cosas "como son" y ensalzo nada más para que se lea bonito. Por lo menos hasta donde yo lo pienso, evito de la mejor manera posible caer en facilismos, donde sólo requeriría darle una palmada en la espalda a la artista y decirle "chilo." Por otro lado, no creo que haya dicho o pensado todo lo que puede pensarse sobre una obra. Lo que sí intento hacer es pensar sobre esta en varios contextos.

El primero, tiene que ver con el espacio. Las exigencias de las obras "contemporáneas" (entendidas my generalmente como aquellas cuyos medios y soportes no son convencionales) hacen que los espacios se reinventen constantemente, de manera que ya no podemos pensar que un espacio de exhibición sólo deban ser utilizadas sus paredes (para colgar los cuadros, por ejemplo) y para colocar dos o tres pedestales para montar alguna pieza de escultura.

El segundo tiene que ver con las piezas mismas. Creo, por un lado, que un espacio más amplio, si no se maneja bien la disposición de los objetos, éstos podrían perderse; se verían mucho más como esos cilindros cubiertos que describes.

Porque sí, tienes razón, por un lado, en decir que "sólo son eso": cilindros forrados. Pero también podría decirse lo mismo de una pintura: son sólo manchas en un lienzo, o una escultura es sólo una pieza de material tallado. Es en el momento en que un objeto que se nos presenta como arte deja de tener una relación con los materiales y técnicas tradicionales del arte que comenzamos a generar resistencias.

Sobre la instalación con luz: coincido contigo, fue toda una experiencia entrar a un espacio de descanso, aislado, como si su propósito fuera salirse del "noise." Pero ahora imagínatelo en un espacio más amplio, todo cubierto de blanco, con la pieza aislada al centro.

Fíjate, Omar, ¿qué me motiva a pensar en todos estos asuntos cuando veo una obra? El hecho de que ninguno de nosotros estamos acostumbrados a pensar en ellas. Sólo lo dejamos a la pasividad de nuestro papel como receptores, cuando simplemente decimos "está cura," o "¿qué pedo con eso?" o "qué chilo." Creo que las obras --no todas-- merecen ser discutidas más allá de la noche de inauguración.

¿Por qué considero esta obra en particular? Primero, porque mi opinión es que el montaje está bien logrado; segundo, porque creo que el espacio está haciendo maravillas al tratar de acomodar cualquier tipo de exhibición, reinventándose constantemente para servir a tales propósitos; y finalmente, porque creo que estarás de acuerdo conmigo cuando pienso que debemos dejar de lado toda esa enorme capacidad que tenemos para desdeñar el trabajo de otros. Porque creo que eso le hace mucho daño a los que queremos proponer una manera distinta de hacer y de pensar en el arte, en cualquiera de sus formas y disciplinas.

Anonymous said...

me dejan leerles algo? no?
ai va:

El fenómeno moderno por excelencia está constituido por la aparición del artista inteligente. No es que los de otras épocas fuesen incapaces de abstracción o sutileza; pero instalados de un solo golpe en el centro de su obra, la realizaban sin reflexionar demasiado sobre ella y sin rodearse de doctrinas y de consideraciones de método. El arte, aún nuevo, les llevaba. Ahora ya no sucede lo mismo. Por reducidos que sean sus medios intelectuales, el artista es, ante todo, esteticista; situado fuera de su inspiración, la prepara y se restringe a ella deliberadamente. Si es poeta, comenta sus obras, las explica sin convencernos, y, para inventa y renovarse, imita el instinto que ya no tiene: la idea de poesía se ha convertido en su materia poética, su fuente de inspiración. Canta a su poema; grave desfallecimiento, sin sentido poético: no se hacen poemas con la poesía. Sólo el artista dudoso parte del arte; el artista verdadero saca su materia de otra parte: de sí mismo... Al lado del creador actual, de sus esfuerzos y de su esterilidad, los del pasado parecen desfallecer de salud: no estaban anémicos por causa de la filosofía, como los nuestro. Interrogad en efecto a cualquier pintor, novelista, músico: veréis que los problemas le prestan esa inseguridad que es marca esencial. Tantea como si estuviese condenado a detenerse en el umbral de su empresa o de su suerte. A esta exacerbación del intelecto, acompañada de una disminución correspondiente del instinto, nadie escapa en nuestros días. Lo monumental, lo grandioso irreflexivo ya no es posible: por el contrario, lo interesante se eleva a nivel de categoría. Es el individuo quien hace al arte y no ya el arte quien hace al individuo, como ya no es la obra lo que cuenta, sino el comentario que la precede o sucede. Y lo mejor que un artista produce son sus ideas sobre lo que hubiera podido realizar. Se ha convertido en su propio crítico, como el vulgo en su propio sicólogo. Ninguna edad ha conocido tal conciencia de sí. Vistos desde este ángulo, el renacimiento parece bárbaro, la edad media prehistórica, e incluso el último siglo poquito pueril. Sabemos mucho nosotros mismos; por otra parte no somos nada.
Creo que esto meterá una nota amarga en el buen vino que nos tomamos...
t.