16.10.05


Sudamérica agota, o será quizás que, después de tanto tiempo viviendo siempre desde "lo otro", yo fui el que me agoté.

El día de ayer vi un documental sobre los años ochenta en Chile, el proceso de apertura de la dictadura para dejar a la oposición manifestarse, y la posterior segunda represión del gobierno por amainar las pugnas de un pueblo que no dejaba de quejarse de la desigualdad. Veía imágenes de manifestaciones, tanques antimotines, jóvenes arrastrados a golpes por la policía, etc. etc.

Luego me devuelvo al presente, donde estas mismas manifestaciones continúan, siempre con el mismo motivo, pero ahora dentro del marco de una democracia pujante, ordenada, que no sabe qué hacer con su historia. Mejor dicho, no sabe si disculparla, si darle cierre, continuar con ese largo camino que la globalización pretende hacer recorrer a todos los que se suscriben a su programa.

En la actualidad, se siguen viendo esos brotes de encabronamiento del pueblo. Pero tienen el sinsabor de la reiteración simulada: es como si la sociedad civil contara con las manifestaciones para que su orden tenga sentido. La imagen televisiva de un tanque rociando con agua a la gente viene a ser igual de necesaria que las historias trágicas sobre madres golpeadas, niñas violadas, ladrones y asaltantes, políticos metiendo la pata.

Cada vez que un chileno ve una manifestación, piensa: "Look, life goes on."

Es triste.

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