28.10.06

Momentos de nada*
por Mark Richardson
Hace veinte años el término “lapso de atención” (attention span) surgía sólo de vez en cuando. Era generalmente visto como algo que crecía y se disminuía con el suministro de drogas psicotrópicas. El modo como experimentábamos el mundo, la cantidad de estímulos que necesitábamos en un tiempo determinado, no era algo de lo que se hablaba mucho. Pero en el momento mediático actual, el lapso de atención lo es todo. Determina cómo y dónde recibimos los medios, que a su vez influye al tipo de medios que se producen.
Está la cantidad de tiempo que puedes gastar en algo, y luego está la profundidad con la cual lo aprecias. Nunca he meditado, pero entiendo que una meta de dicha práctica es la de expandir el momento presente, de llegar a un punto donde te das cuenta que el aquí y el ahora es finalmente todo lo que tenemos. Para un tipo como yo, quien gasta tanta energía procesando lo que ocurrió ayer o el mes pasado o el año pasado y que trata de averiguar lo que significa, vivir en el momento puede ser difícil. De los tres tipos de gente en el mundo –aquellos que hacen que las cosas ocurran, aquellos que dejan que ocurran, y aquellos que se preguntan qué demonios pasó—yo soy definitivamente este último.
De manera que me gusta el arte que me coloca en el momento y me recuerda que la vida es acerca de los detalles. El arte que se queda conmigo y que afecta cómo veo y escucho las cosas incluso después de haber terminado. El arte que me recuerda prestar más atención a las pequeñas cosas insignificantes que suceden todos los días. El zumbido que la parte trasera de un autobús hace cuando está parado; el olor de la gasolina; el modo como el sol atraviesa las hojas en los bosques; una madre caminando por la calle tomando la mano de su hija, mientras escucha un iPod. La mayoría de las cosas relacionadas con estar vivos tienen que ver con lo que sea que tus sentidos estén consumiendo minuto a minuto. El video artista y músico Takagi Masakatsu ha construido toda una obra que rinde tributo a este hecho.
Soy un recién ingresado a su trabajo, encontrándome con él por vez primera con la reedición que hizo [la disquera] Carpack del lanzamiento en CD y DVD de Journal for People. El CD estaba bien, justo el tipo de música electrónica altamente repetitiva, llena de fallitas y vagamente sentimental que normalmente me gusta. Pero una vez que vi el DVD, me di cuenta que la música está hecha para apoyar las imágenes de Masakatsu. Los videos, en su nivel más básico, son de lo más banal: pájaros posados en los cables de teléfono; visitantes a un parque de diversiones revoloteando en unos de los juegos; gente jugando en una playa; una persona nadando debajo del agua; un montón de niños brincando, viendo a la cámara.
Sólo son momentos pequeños de nada, presentados sin dramatización. Y Masakatsu toma estos momentos, los alenta, los procesa digitalmente hasta quedar a unas pulgadas de distancia de sus vidas, y nos deja solos para confrontar los detalles. Eleva el contraste a niveles absurdos, mancha los colores hasta lograr algo que no tiene sentido, inserta ruido de video, y cubre un fondo detrás del otro. Pero si estas técnicas han sido por mucho elementos básicos del video musical, el trabajo de Masakatsu viene de un sito mucho más silencioso, más contemplativo. Todas las distorsiones están hechas para amplificar, iluminar, abrir una cortina para revelar algo que estuvo ahí desde el principio.
Masakatsu tiene otro lanzamiento en la misma disquera este otoño, World Is So Beautiful, que recolecta una hora de piezas originalmente exhibidas en el 2002 (muchas de estas hacen las rondas en las galerías de arte antes de ser lanzadas en disco). El título lo dice todo, en realidad, capturando en una sola frase cursilona porqué este tipo viaja alrededor del mundo apuntando a las cosas con su cámara. Es sólo DVD, sin un CD que lo acompañe, lo cual tiene sentido considerando estas piezas. El sonido que acompaña a la pieza titulada “Cho Cho Thing Gale”, por ejemplo, la cual muestra una banda callejera tocando en Guatemala mientras los colores se comban en naranjas y púrpuras chillones y para el cual Masakatsu añade una capa digital de nieve constantemente cayendo, no podría verse por sí sola. Vagamente nos sugiere el sonido real de una banda callejera, con una melodica chirriante y un crudo drum machine que sutilmente comunican una marcha, y sin el video sería aburrido. Pero el efecto combinado es impresionantemente psicodélico, conforme las tomas que se detienen en los rostros de los músicos no son siempre discernibles por los cambios extremos de color.
Otra pieza, aun más poderosa, muestra una niña de nueve años tocando un acordeón por dinero en las calles de Istanbul. La música de Masakatsu es sólo una pequeña cosilla similar a la "Gymnopédie" de Satie, con un par de notas tintineantes y un poco de efecto de sonido alrevés, creando un espacio emocionalmente neutral con el cual se puede considerar su imagen. La toma en un blanco y negro de alto contraste; vemos a su diminuto ser empequeñecido por las piernas de los adultos que surgen de paso. Se mece hacia delante y hacia atrás en cámara lenta mientras toca, una sonrisa en su rostro que parece genuina, como si en verdad estuviera feliz de estar tocando ahí. Pero también parece ser ruda, como si ella estuviera haciendo esto por sí sola. La genialidad de esto es que Masakatsu inserta una imagen de otra vida, construyendo animaciones brillantemente coloridas que revolotean alrededor de ella mientras toca. Cruzan dragones, liones retozan en la hierba, una enorme ola púrpura y azul se azota. Está corrigiendo la realidad aquí, creando el espacio imaginativo que queremos que habite esta niña, en vez de esta su realidad aburrida y posiblemente peligrosa.
Otra pieza, “South Beach”, es construida a base de un metraje de muchachos adolescentes chapoetando cerca de unas rocas en la costa de una playa en la Habana. Este segmento es el triunfo musical de Masakatsu, mientras crea un espiral a la Steve Reich, de sonido que se construye a base de un sintetizador mezclado con unas vocales femeninas recortadas que, apoyando las imágenes, son casi dolorosamente afectivas. El video es como la portada del disco de Led Zeppelin, Houses of the Holy llevado a la vida, mientras unas figuras silueteadas escalan las afiladas rocas recortadas descuidadamente como escalones, con pequeñas lagunas escarbadas por la marea perfectas para bucear. Masakatsu constantemente se entromete con el océano brilloso, cambiando el color de azul a verde a naranja a base de extraños flashazos, mientras los cuerpos de los bañistas son negros y amenazantes en el frente. El modo como está filmado, es como la maravilla de la existencia de estos muchachos, el simple hecho de que están vivos y respirando y aquí ahora, es una revelación interminable.
Kurt Vonnegut publicó un librito titulado God Bless You, Dr. Kevorkian en el año 2000. En la introducción narra la historia de su tío Alex, quien sentía que las personas no hacían lo suficiente para apreciar los buenos momentos. El tío de Vonnegut se esforzaría por señalar aquellos momentos en los que la vida es buena. Mientras está sentado tomándose una limonada bajo la sombra en un día caluroso, podría iniciar una conversación de la nada, diciendo, “Si esto no es bueno, ¿qué lo sería?” Vonnegut continúa con la práctica, diciendo que “siempre me alegra cuando llevo la cuenta en voz alta de ese modo”. Podríamos decir que World Is So Beautiful es el método que Masakatsu tiene para llevar la cuenta.

*De la columna Resonant Frequency #41, de la página http://www.pitchforkmedia.com publicado el viernes 27 de octubre de 2006.

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