7.10.03

Vicodin for the pain and fun

(subject de un correo basura)

Siempre he pensado que aquello que nos produce dolor y miedo también nos gusta. Todo mundo puede ser un sado en potencia. Ouch!

A mi me paso de niño con las coyotas. La subversión del gusto, cómo se proyecta en nuestras predilecciones aquello que nos puede causar espanto.

El señor de las coyotas, pan dulce hecho con membrillo (?, creo) en Sonora principalmente, caminaba por las calles de la colonia con dos cajas de cartón amarradas con mecate. Ahí traía el suculento manjar acompañable con leche. Mi nana, cada vez que lo veía pasar, me decía: Mira, ahí va el robachicos. Si te sales de la casa sin permiso te va a robar

No obstante, por las tardes se encontraba un plato con coyotas en la mesa de la cocina.

Hasta que descubrí una vez a mi nana comprando coyotas a este supuesto "coyote" de los niños bien. . .(o sea, naive y fresa el nene. . .)

la ecuación era sencilla y complicada a la vez: O sea que, aquél hombre que representa el terror de los niños malcriados, también posee la llave de nuestros paladares. Mhmmmm.

¿Cuánto podemos extrapolar de esta idea. . .?

2 comments:

Anonymous said...

Coyota de membrillo?

alejandro espinoza said...

Creo que sí